infiel con nenita

infiel con nenita

Era el último día del curso que estaba haciendo en Canarias y esta vez no pude escaquearme de la comida que hacíamos todos los alumnos y profesores juntos.

Sonreía a lo que una compañera me estaba contando mientras no dejaba de pensar en mi amiga Paula. Aquella mañana había desaparecido de la habitación, y no había contestado al teléfono. ¿Le habría molestado algo?

 

De repente, un mensaje de Whatsapp me sacó de mi ensimismamiento: “Perdona, me había llamado mi madre. Nos vemos a las 4 en el hotel”.

Contesté aquel críptico mensaje sin obtener respuesta. La comida se alargaba y yo estaba deseando volver al hotel. Cuando mis compañeros propusieron ir a tomar unas copas, me disculpé escudándome que tenía que coger pronto el vuelo de regreso a mi ciudad natal.

 

Tras enviar un mensaje de aviso a Paula, cogí un taxi y me dirigí a toda velocidad al hotel. La espera en el ascensor se me hizo eterna. Mis pasos hasta la habitación eran casi una carrera pero por fin abrí la puerta y me quedé perplejo ante lo que encontré.

 

Apoyada sobre la mesa de la habitación, Paula lucía una camisa blanca bastante desbotonada y una minifalda a cuadros. Unos calcetines altos hasta las rodillas completaban su disfraz de colegiala.

PAULA: profe, te estaba esperando…

Su piel morena y cuerpo esculpido por el fitness era una obra de arte de la naturaleza. Sus pechos bien proporcionados y su exquisito culo eran un reclamo ineludible.

Sonriente, me acerque a ella y la cogí por la cintura desde atrás. Con una mano, le empujé ligeramente la espalda hasta que quedó apoyada sobre la mesa. Subí su minifalda lentamente regalándole un beso en su espalda. Le di un pequeñito azote sobre sus braguita y después le masajeé el culito. Sus risas pasaron a débiles gemidos cuando, sin dejar de tocarle el culo, le empecé a comer el cuello y besar la oreja.

Me apoyé sobre ella y noté como levantaba un poco el culo apoyándolo contra mi paquete. Ambos estábamos muy excitados y me era imposible evitar rozarme un poco contra aquel culo tan durito. Apreté mi paquete con fuerza contra su trasero empotrándola contra la mesa. Ella se reía y yo me mordía los labios de pura lujuria.

Le bajé las bragas, y abriendo sus nalgas con las manos, hundí mi cabeza sobre su coño. Paula gemía mientras que yo me empapaba con el pantano de sus fluidos.

Paula se levantó y terminó de desnudarse sin dejar de mirarme. Se acercó lentamente y nos besamos con pasión desenfrenada. Mis manos conquistaban el mundo de sus nalgas con ansias megalómanas.

Le acaricié el coño por encima de las braguitas sin apenas escuchar sus gemidos. Mis labios se lanzaron como misiles hacia sus pezones. Agarrando sus tetas se los chupé, mordí y succioné como un auténtico salido. Ella apretaba su cuerpo contra el mío. Notaba el ardor de su piel como si fuera una vitrocerámica encendida.

–          Qué tenemos aquí….- dijo agarrando mi paquete, hinchado como si me hubieran picado abejas.

–          Una polla enterita para ti. – Le contesté para acto seguido enfrascarme en devorar su cuello.

–          Luis, algo tendré que hacer con ella.

Noté como mis pantalones caían al suelo. Hábilmente se las había ingeniado para dejarme en calzoncillos sin que apenas fuera consciente de ello.

Paula agarró el bulto de mi paquete por encima de la prenda interior y mordisqueó y chupó el calzoncillo como si me hiciera una felación. Estiró la ropa interior hacia abajo revelando mi polla más dura que el hormigón. Mi pene chocó contra su cara, pero ella hábilmente maniobró para que su lengua hiciera múltiples intentos de aterrizaje sobre el miembro. Besó el capullo como si se tratase de un helado y se lo metió en la boca chupando sólo esa punta. Me miraba con cara de viciosa, y cada vez se metía más polla dentro de la boca.

Me terminé de quitar los calzoncillos y, agarrando a Paula por la cabeza, empecé a follarle literalmente la boca. Paramos y ella volvió a tomar la iniciativa mientras me masajeaba los testículos. Su cabeza subía y bajaba agitando su larga melena como si de una amazona se tratase.

 

Sin más dilación, la cogí en brazos y la tumbé en la cama. Con la fuerza de mis brazos la volteé, dejando su culito a la vista. Ella, conocedora de lo que podría pasar, se apresuró a ponerlo en pompa. Besé y mordí sus nalgas al tiempo que con la mano le acariciaba el coño. Ella gemía y me pedía que la follara.

Me apoyé en su culo para acercarme a su cuello y devorarlo, y no tardé en notar como mi amiga contoneaba su trasero sobre mi polla erecta.

–          Fóllame, vamos, que lo estás deseando – me dijo con voz lujuriosa.

Me empujó hacia un lado, y rápidamente se encaramó sobre mí. Nos besábamos con pasión mientras ella danzaba sobre mi pene rozándolo con su delicioso coñito. Sus hábiles dedos colocaron mi polla en posición, y ella fue bajando lentamente para introducírselo. Tras unos pocos rebotes, el placer que sentía al tenerla totalmente dentro de Paula era inconmensurable. El ardor y humedad de su interior me volvía loco.

Nuestros gemidos se iban acompasando al ritmo creciente de su cabalgada. Sus tetas saltaban salvajes mientras se insertaba mi polla casi con violencia.

–          Mmmmm Nenita – como le gustaba que le llamara – ¡qué buena estás!

Apoyó sus manos sobre mi pecho, y a golpe de cadera, me folló como una auténtica actriz porno. Tenía el pecho rojo por la presión, pero ella no paraba.

–          Ahora eres todo mío – dijo entre rabia y pasión.

Tras quedar casi exhausta le pedí que parara. Levanté un poco su cadera con mis manos y empecé a follarla levantando mi culo de la cama.

Mis manos la hacían subir y bajar y meterse mi falo enterito.

–          Sí, mmmmm, siiiiiiii, ¡fóllame! – balbuceaba en éxtasis.

Le apretaba el culo con fuerza con mis manos  mientras ella gemía como una posesa.

Paula dejó caer todo su cuerpo sobre mí. Reflejado en un espejo de la habitación podía ver su culito en movimiento mientras me follaba.

La chica se despegó de mí de repente y se colocó en cuclillas. Le agarraba las piernas mientras que su cuerpo ejercitado por el gimnasio se batía en sentadillas sexuales.

–          No puedo más…

Sin mediar palabra, se levantó y se sentó sobre mi cara. Sentía toda la presión de su cuerpo sobre mí y su coño, como una hoguera, sobre mi cara.

–          Mmmmm, cómemelo, sí….

No podía ver más que su cuerpo y oír sus tremendos gemidos. Incapacitado y asfixiado, la empujé hacia delante para que cayera tumbada de espaldas con su coño mirando al techo. Se agarraba las piernas para dejarlas bien abiertas mientras que yo le comía el coño como un hambriento.

Le di varios lengüetazos en su pequeño ano, y al ver que no le disgustaba, profundicé un poco más con mi lengua. Le agarré las piernas como si se tratara de un conejo y se la metí de un empujón en el coño. La penetración era muy profunda y mis lentas y fuertes embestidas la volvían loca.

–          ¡Me caigo, me caigo!

Entre risas tuvimos que parar porque la mitad de su cuerpo colgaba fuera de la cama, estando a punto de caerse.

 

Me tumbé boca arriba frente al espejo de la habitación ella, dándome la espalda, se encaramó sobre mi miembro. Entró con muchísima facilidad en su interior.  Se dejó a caer hacia atrás, y asomándome por lado, pude ver en el espejo como mi polla entraba y salía sin dilación.

Paula tenía los ojos entrecerrados por el placer. Su cara cambiaba desde sacando los dientes por el esfuerzos, hasta juntar los labios de puro placer.

–          Quiero correrme en tu polla. Intenta aguantar….

Paula se incorporó un poco y ralentizó el ritmo. En el espejo pude ver la razón. Se estaba masturbando el clítoris con dos dedos. Al percatarse que la estaba viendo, se mordió el labio de placer. Aumenté mi ritmo de follada sin que ella parara. Sus gemidos se hacían cada vez más fuertes. En aquel momento no pensé en que nos pudiera oír nadie, aunque seguro que nos debieron de oír hasta en la calle.

Le agarré las nalgas rozando su ano con mi dedo. Sus gemidos se convirtieron en un lamento cuando se corrió. Cayó sobre mí exhausta.

Nos quedamos unos segundos descansando. Paula se fue a beber agua, y yo un momento al baño. Al regresar, me la encontré con la falda y la camisa de su disfraz de colegiala puestos.

–          ¡Aún no he terminado contigo! – me dijo sonriente.

Mi polla volvió a su estado erecto en cuestión de segundos.

Paula se colocó a cuatro patas, apoyada en el cabecero de la cama. Incitándome. Volviéndome loco una vez más.

–          Antes me he portado mal… tendrás que castigarme. – Me dijo con un dedo sobre los labios en una falsa inocencia.

Levanté su faldita y comprobé que no llevaba nada debajo. Oí su risa al tiempo que escupía sobre mi pene para prepararlo. Lo coloqué sobre su coñito y empujé. Ella gimió de forma prolongada. Pronto, el ritmo aumentó y solo sus brazos apoyados sobre el cabecero evitaban que ella callera sobre la cama. Su melena se movía asilvestrada, como mecida por una tormenta, mientras que sus nalgas, con la marca enrojecida de algún que otro azotito, iban al encuentro de mi polla.

 

Paula se dejó caer sobre la cama. Le dejé unos segundos de descanso, y hundí mi cabeza entre sus nalgas. Tenía el coño totalmente inundado, así que le comí el culo.

–          No te asustes, iré con cuidado…

Rocé mi polla contra sus labios vaginales y tras escupirle en el culo, coloqué mi cipote sobre su ano. Ella no dijo nada. Era una prueba de confianza.

Apreté muy lentamente mi prepucio contra su ano y entró con mucho cuidado. Me acerqué a su cara y nos besamos lentamente, como dos dragones luchando mientras mi capullo estaba incrustado dentro de su culo.

Coloqué mi mano bajo su cuerpo, y empecé a masturbarla. Ella gemía y en cuanto empecé a mover mi polla un poco, se agarró a las sábanas con fuerza. No entraba más que mi prepucio sobre su pequeño culito, pero ese mete-saca acompañado con la masturbación de su coño le estaban volviendo loca.

–          Gracias por dejarme tu culito. Ahora te compensaré…

Saqué mi falo lentamente, y sin pausa, se lo metí de un empellón en el coño.

Empecé a follarla con fuerza, metiéndola hasta el fondo y empotrándola contra la cama.

–          ¡¡Siiii, no pares!!

Me dejé caer sobre ella, y nos besamos mientras la follaba con instinto animal.

–          ¡Me corro, me corro ¡

Fue decirlo, y no pude contenerme más. Primero noté su orgasmo y como su vagina se apretó y palpitó. Mi pene vibró como si le hubiera impactado un rayo y me corrí. Aplastaba a Paula con fuerza contra la cama al ritmo de mi corrida.

Nos separamos y pude ver como un hilillo de semen emergía de su coño.

 

Nos besamos, duchamos y seguimos besándonos como adolescentes hasta llegar al aeropuerto.

Quedaban unas horas para el embarque así que nos dedicamos a pasear.  Llegamos a un extremo del aeropuerto en el que casi no había gente, al estar las puertas de embarque vacías.

–          Ven – me dijo sonriente.

Nos metimos en el baño de chicos sin mirar si quiera si había alguien, y nos encerramos en un urinario.

Paula se sentó sobre la tapa, y sin dejar de sonreír, me desnudó de cintura para abajo.

–          Te voy a dejar un regalito para que te acuerdes de mí en el vuelo.

Sin mediar palabra, se metió en la boca mi polla media erecta en la boca. Entera. La mamada era increíble. Oímos ruidos de alguien que había entrado en el baño, pero no paramos.

Ella aumentó el ritmo para que me corriera en su boca pero la corté.

–          No. Quien te va a dejar un recuerdo voy a ser yo.

Le bajé el pantalón sin terminar de quitárselo y aparté sus braguitas a un lado. Le toqué el coño y comprobé que estaba mojadito.

–          Es que sólo hacerte esto ya me pone – me dijo.

Nos besamos, y levantando sus piernas, se la metí en aquella aparatosa postura del misionero. Se le escapó un gemido, y rápidamente le silencié con mis labios.

Aumenté el ritmo y sin mediar palabra y agarrándome de sus tetas por encima de la ropa, me corrí dentro de Paula.

–          Por tu culpa voy a volver a casa manchada….

–          Pero contenta.

Los dos nos reímos y nos limpiamos y arreglamos como pudimos.

Salimos del baño de caballeros ante la sorpresa de un señor que se estaba lavando las manos.

 

Nos despedimos con un gran beso, y ambos, sin saberlo, completamos los respectivos vuelos a nuestros hogares con una sonrisa en los labios.

Con la promesa de “Hasta que nos volviéramos a ver. Pronto”, como nos habíamos despedido.

 

mi email mariedurane95@gmail.com

Entrar con facebook

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>